lunes, 11 de diciembre de 2006

Argentina: La contaminación va por dentro

Argentina: la contaminación también va por dentroFábricas de celulosa y papel contaminan el río Paraná en Argentina de maneratan irreversible como silenciosa. Pero la construcción de dos plantas deeste tipo en Uruguay, cerca del río que sirve de frontera entre ambospaíses, sacó el tema a la superficie y catapultó rechazosBUENOS AIRES, oct (IPS) - La decena de plantas de producción de pasta decelulosa y propiamente de papel, concentradas sobre el río Paraná, producenunas 850.000 toneladas al año. Algunas de ellas están instaladas allí desdehace 50 años y utilizan ese cauce natural de agua para verter sus desechostóxicos."Es cierto que en Argentina tenemos este tipo de plantas y es cierto tambiénque no son inocuas", admitió a IPS Juan Carlos Villalonga, director delcapítulo argentino de Greenpeace. "Pero el volumen de producción de estasdos nuevas fábricas (a instalarse en suelo uruguayo) es sustancialmentemayor y el potencial contaminante también lo será", advirtió.Con aval del anterior gobierno uruguayo del liberal Jorge Batlle(2000-2005), la Empresa Nacional de Celulosa de España (ENCE) y la firmafinlandesa Botnia comenzaron los aprestos para montar sus respectivasfábricas de celulosa cerca de la occidental ciudad uruguaya de Fray Bentos,en las costas del río Uruguay, a una distancia menor a 10 kilómetros una dela otra.Esos proyectos levantaron críticas severas de ambientalistas y el rechazo delos vecinos, en especial del lado argentino con el gobernador de la orientalprovincial de Entre Ríos, Jorge Busti, a la cabeza.La llegada al gobierno de Uruguay del izquierdista EncuentroProgresista-Frente Amplio no cambió la situación. El presidente TabaréVázquez aseguró que la decisión no tiene marcha atrás y dio la bienvenida auna inversión de unos 1.800 millones de dólares entre ambas fábricas.El gobierno de Argentina, del centroizquierdista Néstor Kirchner, condicionala aceptación de las obras a la elaboración de un estudio de impactoambiental en el que intervengan expertos de ambos países.Pero la resistencia ahora se extiende a la ribera del lado argentino. EnUruguay muchas voces se levantan preguntando por qué desde el vecino país secuestionan las futuras plantas de ENCE y de Botnia y, en cambio, se aceptaque haya fábricas igual o aún más contaminantes en su territorio.Los ecologistas explican que muchas de estas plantas argentinas seinstalaron antes de que se desarrollara la conciencia ambiental en losvecinos. Pero, agregan, ahora los pobladores están decididos no sólo aresistir los nuevos proyectos sino también a pedir cambios definitivos enlas actuales formas de producción del papel en su país.Por el momento, los vecinos de la oriental localidad de Gualeguaychú, en lacosta entrerriana del río Uruguay, rechazan la apertura de las plantas queutilizarán el agua de ese curso fluvial compartido por ambos países yarrojarán a su cauce los desechos de un proceso en el que se eliminandioxinas y furanos, sustancias altamente tóxicas y persistentes enorganismos vivos.Entre las plantas de ENCE y de Botnia producirán 1,5 millones de toneladasde pulpa o pasta de celulosa a partir de la madera para la fabricación depapel, el doble de lo que trabajan actualmente la decena de fábricas de esemismo tipo de Argentina.Los establecimientos locales no operan con tecnologías limpias y hasta ahoraeran blanco de denuncias aisladas de ecologistas. Los vecinos afectados porla polución permanecían en silencio por desconocimiento o por temor alcierre de las fuentes de trabajo.Empero, desde que comenzó la resistencia a la instalación de las fábricas enUruguay hubo una masiva toma de conciencia y la mirada se volvió muy críticahacia todas las plantas, sostienen los consultados.Para Villalonga, "no se trata de incoherencia de los vecinos, que aceptanlas plantas en un lado y las rechazan en otro". "El asunto acá es que lagente dijo basta y las autoridades (argentinas) tuvieron que ponerse a lacabeza de esos reclamos", añadió.El punto de inflexión fue la movilización del 30 de abril sobre el puenteinternacional que une Gualeguaychú con Fray Bentos, donde unos 35.000manifestantes dijeron no a las plantas de celulosa. Temen que la instalacióndañe irremediablemente la actividad pesquera y turística de la región,indicaron."Los ambientalistas estamos haciendo presentaciones contra las plantas decelulosa de Argentina desde hace ya muchos años", aseguró Villalonga.De hecho, a fines de los años 90, acompañada por Taller Ecologista deRosario, Greenpeace presentó un informe muy crítico contra la empresaCelulosa Argentina.Esa compañía es propietaria de la planta Capitán Bermúdez, en la orientalprovincia de Santa Fe, vecina a Entre Ríos, que arroja sus vertidos tambiénal río Paraná, que desemboca en forma de delta en el Río de la Plata --juntoal río Uruguay-- tras recorrer 4.000 kilómetros desde su naciente en Brasily cruzar Argentina de nordeste a sudeste.Al analizar muestras de agua, la organización ambientalista demostró quecontenía numerosos contaminantes, muchos de ellos persistentes, asociados alempleo de cloro para la obtención de pasta para fabricar papel.El Taller Ecologista de la santafecina Rosario, la segunda ciudad enimportancia de Argentina, acompañó las denuncias contra la firma, que noprodujeron cambios en el proceso de producción. Su coordinador, SergioRinaldi, comentó a IPS que algunas de esas plantas están instaladas desdehace varias décadas, cuando no existía la conciencia ambiental que losvecinos tienen hoy.En Entre Ríos, donde se produjo el mayor movimiento contra los proyectos enUruguay, trabaja activamente el Foro Ecologista de Paraná, que ya se habíaorganizado para frenar la instalación de una represa, detener ladeforestación y la sobrepesca en los ríos, y generar conciencia ambientalentre la población.Un estudio en la nororiental provincia argentina de Misiones, eminentementeforestal, realizado por Ricardo Carrere, de la entidad ambientalistauruguaya Grupo Guayubira, registró que hay tres grandes plantas deproducción de celulosa que dominan desde la plantación de pinos para usoindustrial hasta la producción de papel.Una de ellas es Alto Paraná, de la firma chilena Celulosa Arauco yConstitución SA (Celco), acusada de contaminar un lago de la región deValdivia, en ese país. La empresa produce en Argentina 400.000 toneladas depapel al año con el sistema de blanqueo Libre de Cloro Elemental (ECF porsus siglas en inglés).Esta tecnología, que es la que utilizarían las dos empresas que seinstalarán sobre el río Uruguay, libera menos organoclorados pero noprescinde de esos tóxicos. Según la pesquisa hecha por Carrere en Misiones,los vecinos de la planta sienten el impacto de la contaminación pero temenhablar.El investigador asegura que, sin identificarse, le indicaron que sufrenfuertes dolores de cabeza, alergias y enfermedades respiratorias, a causa dela contaminación del aire con azufre. También constató Carrere que haydenuncias judiciales por casos de cáncer y malformaciones congénitas que seatribuyen a la radicación de la planta.Las primeras denuncias contra la apertura de las dos nuevas fábricas decelulosa en Uruguay comenzaron en 2002. Los ambientalistas y vecinosreclamaban sin mucho éxito que el gobierno frenara esos proyectos alegandola falta de estudios convincentes de impacto ambiental, que midan el efectoconjunto de las dos."El gobierno de Kirchner creía que el conflicto no levantaría temperatura yhacía guiños de aprobación a Uruguay para que siguiera adelante con el dobleproyecto", comentó Villalonga. Pero los vecinos de Entre Ríos semanifestaron con una conciencia y una organización inesperadas, apuntó.Ante ello, los gobiernos nacional y provincial dejaron a un lado lacomplacencia y se pusieron a liderar la resistencia. "Este cambio es lo queenoja a Uruguay", interpretó el activista."Durante mucho tiempo los gobierno de ambos países apostaron a que elconflicto bajara su intensidad. Esa parece ser la política ambiental máspopular por estos lados: apostar a que la gente no se entere, se canse, nose movilice", sostuvo Villalonga.Ahora el desafío está en seguir de cerca la postura oficial argentina, paradetectar si se trata de "una sobreactuación coyuntural", asociada a laselecciones legislativas que se realizan este mes, o si se trata de unaverdadera conciencia ambiental que están empezando a asumir las autoridades."Si lo que está ocurriendo es esto último, entonces puede ser que el Estadovuelva la mirada hacia lo que pasa adentro de Argentina con la producción decelulosa y papel, y se plantee por primera vez el abandono de la produccióncon cloro, tan contaminante para nuestros recursos", apuntó.

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